Sobre el “éxito” del cine nacional en 2013

Los balances del año cinematográfico que todos los fines de año aparecen en diarios y medios especializados destacan en esta oportunidad tres datos: el record de películas nacionales estrenadas (153), el crecimiento del porcentaje de espectadores de cine argentino que pasó de 9% en 2012 a 15% en 2013, y que dos films nacionales se metieron en el Top Ten general dominado habitualmente por los tanques de Hollywood. En una reciente entrevista la ex presidenta del Instituto de Cine (INCAA) y actual Diputada Liliana Mazure manifiesta que “entre diez y quince películas nacionales tuvieran más de cien mil espectadores durante un año”  le produce “(…) una felicidad enorme porque era lo que queríamos hace tiempo”. Sin embargo, resulta difícil escribir la palabra éxito sin comillas para describir el estado del cine nacional.

Cine Argentino, cada vez menos argentino

Las cuatro películas nacionales más taquilleras (Metegol, Corazón de León, Tesis para un homicidio, Séptimo) que se llevaron el 85% del total de entradas vendidas por el cine argentino son todas coproducciones (tres de ellas con España y una con Brasil) con participación de Telefe y Telefónica de España en su producción y difusión. Todas ellas además fueron distribuidas por las grandes Majors norteamericanas (Fox, Disney, Universal, Paramount). Todas también recibieron cuantiosos apoyos por parte del INCAA mientras la mayoría de las producciones se realizan con menores presupuestos que se achican al ritmo de la inflación.

Este proceso de extranjerización no es sólo simple “darwinismo de mercado” como dice Horacio Bernades en Página/12, sino que es producto de una política deliberada. El desarrollo en los medios audiovisuales de Telefónica de España, ese “sol que no puede taparse con la mano” en palabras de Cristina cuando se aprobó la Ley de Medios, ha sido incentivado por el gobierno en su lucha contra el monopolio de Magnetto. Por otro lado fue el mismísimo Moreno quién en un intento más por “equilibrar la balanza comercial” se reunió en 2012 con las grandes empresas norteamericanas para “exigirles” que hicieran pie en la producción y exhibición del cine nacional, “a cambio” de garantizarles la continuidad del control casi absoluto del mercado cinematográfico. Como consecuencia se ha dado un incremento muy importante de la recaudación de estos monopolios extranjeros, que ahora recaudan Hollywood y “nacional”.

El resto de la torta

Los restantes 149 estrenos nacionales (mitad y mitad entre ficciones y documentales) sólo convocaron al 15% de espectadores de cine nacional (cerca del 2% del total de entradas vendidas). La falsedad de la idea de que si se produce mucho tarde o temprano el público “cambiará sus preferencias” se demuestra también con lo que sucede en el propio mercado Yanqui, dónde los porcentajes son similares y poquísimas películas concentran la inmensa mayoría de la recaudación. El darwinismo de mercado es infalible: el que tiene los mayores recursos para producir, difundir y vender sus mercancías no sólo aplasta al resto sino que tiene un dominio superlativo sobre los gustos y tendencias del público: nadie irá a ver, ni querrá ver, algo que ni siquiera sabe que existe.

La diversidad y gran cantidad de películas nacionales, en la medida que no se acompañe con una política que ataque el monopolio de la distribución, difusión y exhibición en dominio total de las Majors y multimedios, que abra salas de cine en cada barrio y a precios populares, que deje de financiar a las productoras “nacionales” monopólicas y aumente los montos de producción para los cineastas que no producen asociados a las grandes empresas (los más de 70 documentales de 2013 se realizaron con menos del 5% del presupuesto total del INCAA), no podrá encontrarse con el público. Este encuentro sería la garantía de un salto en la producción cinematográfica nacional en cantidad y calidad que permita realmente pelearle a los tanques de Hollywood.

Hernan Vasco y Ale Rath.

El Ministerio de Planificación, a cargo de Julio De Vido, junto al Instituto Nacional de Artes Audiovisuales (INCAA) y la Universidad de San Martín (USAM), lanzó un plan de promoción de la producción audiovisual para las televisoras de propiedad estatal. El plan cuenta con 34 millones de pesos para ser distribuidos entre nueve concursos diferentes de documentales y de ficción, cuyo propósito sería, según lo planteado por Osvaldo Nemirovsci (coordinador general del Consejo Asesor del Sistema Argentino de TV Digital Terrestre), “vincularse con organizaciones comunitarias (…) donde se cuentan historias de otra manera y desde otro modelo cultural en el que no todo esté basado en el rating y en las pautas (publicitarias)”. En esta línea, funcionarios del gobierno fueron al Encuentro Nacional de Documentalistas realizado recientemente en Córdoba para presentar las bondades de este plan; “abrir un canal de ‘expresión a todas las voces’” y enfrentar “al modelo de país de los medios concentrados y las cinco productoras”. Señalaron que el plan es un brazo de “la Ley de Medios que lucha contra los monopolios” y no dudaron en precisar que la continuidad del fomento a la producción de estos contenidos depende del éxito electoral del gobierno en 2011.

Sin embargo, los creadores individuales o colectivos que quieran ser vehículo de las voces que buscan expresarse contra los monopolios deberán primero convencer a los jurados, de mayoría gubernamental (secretarios de cultura, sindicatos afines, directivos de universidades, etc), para luego pasar –según las bases de los concursos– por un férreo control ideológico. La presidenta del INCAA designará un tutor para cada proyecto y “los ganadores considerarán de buena fe los aportes efectuados por el tutor designado y acogerán sus sugerencias con respecto al contenido de la obra y su realización”.

En el mismo encuentro de Córdoba se evidenciaron los límites objetivos que están planteados a la libertad de expresión en el marco de esta disputa entre el Estado K y los monopolios mediáticos. Los documentalistas agrupados en la Red Andina advirtieron a los funcionarios que la presencia de jurados representantes de las universidades no es una garantía de idoneidad sino de proscripción, señalando que aquellas que reciben fondos de La Alumbrera vetarán la expresión de las voces que mayoritariamente rechazan la minería a cielo abierto en sus pueblos. Habría que agregar que si la continuidad del fomento dependerá del apoyo electoral al gobierno recontra minero de los Kirchner, la expresión de las voces contra los monopolios mineros no está garantizada, ni antes ni después de 2011.

Frente al proyecto final, también se pronunciaron en el Encuentro los representantes de la Asociación de Documentalistas Argentinos (Doca), que solicitaron el retiro de los “tutores” sobre los contenidos de la producción y exigieron la participación en los jurados.

Los trabajadores

Un reciente informe publicado por el Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (Sica) muestra una caída del empleo bajo convenio en la industria (de publicidad y largomentrajes) del orden del 30%. La burocracia yaskista del Sica, que apoyó a gritos la Ley de Medios K, pretendió ilusionar a los trabajadores del medio con que su implementación redundaría en más trabajo. Otro tanto ha planteado la directiva del Sindicato Argentino de Televisión (SAT).

¿Qué les depara a los trabajadores el plan del gobierno para nutrir de contenidos a sus señales?

El gobierno que se jacta de crear empleo en blanco podría haber optado por la creación de canales y productoras propias, empleando a trabajadores del medio en cumplimiento de los convenios colectivos de trabajo del SAT. Sin embargo, ha optado por un plan de tercerización dirigido a las pequeñas productoras. En uno de sus artículos aclara que “el productor será el único responsable de los efectos resultantes de la planificación, ejecución y puesta en marcha de la obra audiovisual, y se compromete a mantener indemne al Estado nacional (…) de la posible indemnización, daños, costos, costas y honorarios”.

El mecanismo que utilizan los patrones de las pequeñas productoras oscila entre el negreo liso y llano, la “facturación de servicios” o la conformación de “cooperativas” fraudulentas. Los montos ofrecidos a los ganadores de los concursos se encuentran por debajo de los promedios de costos con los que actualmente se produce para, por ejemplo, el canal Encuentro, “obligando” a estas patronales a profundizar estas políticas.

Una oportunidad

La puesta en marcha de este concurso ilumina la política con la que el gobierno pondrá en marcha su Ley de Medios. Por la vía de la tercerización se profundizará la precariedad laboral de los trabajadores audiovisuales. Por la de la “los tutores”, pretende la expropiación de las ideas de los creadores independientes para moldearlas en su beneficio.

Las voces que se escucharon en Córdoba deberán prepararse para hacer valer sus reclamos y derribar la injerencia de todo tipo de control ideológico sobre la producción audiovisual para las señales estatales, e incluso por participar con voz y voto de las decisiones de programación de dichos canales.

Los trabajadores del medio audiovisual tenemos que deliberar en los sindicatos y definir acciones para que se reconozca la relación laboral con el Estado, salarios de convenio y todos los derechos sindicales.

Ojo Obrero

Coscia en la Secretaría de Cultura

El gobierno ha designado al cineasta Jorge Coscia como nuevo secretario de Cultura. Antes de ello, le había ofrecido el cargo -sin éxito- a una de las «cabezas» de Carta Abierta, Ricardo Forster, luego de que José Nun abandonara el barco por la evidente falta de recursos económicos.
El nuevo secretario se encuentra investigado por enriquecimiento ilícito durante su gestión al frente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). La elección forzosa de Coscia revela la escasez de recursos políticos de la camarilla gobernante.

Caja negra

Aunque ahora Coscia se hace conocer por sus ataques a la «puta oligarquía» durante el conflicto del campo, llegó al INCAA de la mano de Duhalde. Su gestión es conocida como la de una camarilla corrupta.
Luego de conseguir la autarquía en el manejo presupuestario del Instituto, llevó adelante un régimen de subsidios a discreción. Para ello, se valió de un artículo de la ley de cine -el 3ºJ- que faculta a la presidencia del INCAA a otorgar partidas especiales a realizaciones que éste considere «de interés público», sin la necesidad de pasar por ningún concurso.
Cuando la asociación de Documentalistas Argentinos (DOCA) reclamó al INCAA la inclusión del documental en formato digital -no contemplado por la Ley de Cine- dentro sus planes de fomento, apuntó también al régimen de los «3ros J». DOCA denunció que era falso que no hubiera fondos, sino que éstos se utilizaban discrecionalmente por la dirección política del Instituto. Entonces, lanzó una campaña para que se abrieran los registros de todo lo que se filmó a través de esa «caja negra».
Estas denuncias generaron renuncias masivas y la apertura de la información. Una lectura veloz de estos libros revela que, a través de testaferros, se otorgaron partidas para películas que costaron menos de lo que recibían, y hasta para algunas que nunca se realizaron. En la lista de beneficiarios aparecen desconocidos, amigos del gobierno, la Iglesia y la burocracia sindical. Pero también Solanas se sirvió de esta caja, sin pasar por ningún concurso y con presupuestos considerablemente inflados para sus costos reales de producción.

La política cultural de la excepción

En declaraciones a Clarín (9/7), el flamante funcionario afirma que «no trabajaré para los intereses de corporaciones de la cultura», para luego precisar que «hay quienes creen que no se debe intervenir en nada. Yo soy defensor de la excepción cultural como concepto, de que la cultura sea exceptuada de impuestos que recaen sobre el resto de las industrias».

Coscia pretende extender el régimen de exenciones y «cajas paralelas» que impuso en el INCAA al resto de las «industrias culturales». Con ese fin, ya colocó en el primer lugar de su agenda a la Ley del Libro, un régimen que prevé gravar con impuestos a ciertas ediciones, por caso, los libros importados, para con esos recursos armar otra caja -un «Instituto del Libro»- que administre un régimen de subsidios hacia editoriales medianas y talleres, y una plataforma de cooptación política sobre los escritores.

Para Coscia, la proliferación de estas cajas constituiría un «proyecto de cultura para la transformación nacional». Sin embargo, el ex presidente del INCAA no ve -o finge no ver- que se hizo cargo de «cultura» en medio de una bancarrota, de los capitalistas y de su estado. Cuando contaron con recursos, los «nacionales» no desarrollaron ninguna transformación. Dilapidaron esos recursos en beneficio propio, o sea, de las camarillas empresariales aliadas al gobierno. Pero bajo la crisis, incluso esa posibilidad está cuestionada. Las propias «industrias culturales» ligadas al turismo-que Coscia reivindica- han ingresado en esa quiebra, que llega también a la caja del Estado.

El primer secretario de cultura K, Di Tella, «reclamaba un presupuesto de 300 millones de pesos, y supo trabajar con apenas 148 millones, que ahora se redujeron en un 20 por ciento»(Perfil, 9/7). Será por eso que Coscia, atajándose, ya advirtió que «no contamos con un presupuesto europeo», por lo que «tampoco podemos reducir a una mera vía presupuestaria el fomento de la cultura» (Clarín, 10/7). Coscia fantasea con «políticas proactivas» y nuevas cooptaciones, cuando todos los recursos del estado están dirigidos al rescate del capital.
Frente a ello, necesitamos ingresar en esta nueva etapa con un programa, en rechazo a cualquier «ajuste»; terminar con las «cajas negras» de la cultura; triplicar el presupuesto y colocarlo bajo un fondo único dirigido por las organizaciones de los trabajadores de la cultura; ningún despido, nacionalizar y colocar bajo la gestión de los trabajadores a productoras, editoriales y toda «industria cultural» que cierre o despida. También, en este plano, la crisis la deben pagar los capitalistas.

La crisis del treinta… y cinco milímetros

Varios días antes de que Cristina Kirchner reconociera que la crisis mundial impactará profundamente en nuestro país y justificara por ello el adelantamiento electoral, la presidenta del INCAA, Liliana Mazure, advertía lo propio y su incapacidad para revertirlo. Su flamante Plan de Fomento, que concentra aún más la producción de cine nacional en las grandes productoras y multimedios y elude la necesidad de intervenir en el gran negocio de la distribución y la exhibición, es incapaz de contrarrestar las lógicas vigentes y quedará a merced de la recesión y la crisis presupuestaria que el derrumbe fiscal comienza a vislumbrar. Los trabajadores de la industria cinematográfica y de los medios audiovisuales de la Argentina están comenzando a sufrir los primeros impactos de la crisis.
Por otro lado los miles de espectadores que durante diez días recorrerán las salas del BAFICI hablan de la existencia de un público dispuesto a experimentar algo más, que consumir el cine que ofrecen el resto del año las cadenas de salas de cine (Hoyts, Village, Cinemark y Nacional Amusements) que se apropian más del 65% de la recaudación, y los dueños de la distribución (Buena Vista Disney-, Warner, Universal Paramount, Columbia Pictures, Tristar, Fox) que controlan más del 75% de los films que se exhiben en argentina.
Argentina tiene una enorme capacidad productiva audiovisual, tanto por historia como por la gran cantidad de cinéfilos, estudiantes y trabajadores especializados de que dispone. Sin embargo, con las reglas y tendencias actuales todas estas potencialidades corren serio riesgo de ir directamente a la papelera de reciclaje.

Impacto profundo
La mayor porción de la producción cinematográfica en nuestro país desde la devaluación hasta el 2008- fue la destinada al cine publicitario (comerciales). Desde fines de 2008 este tipo de producciones sobre todo las extranjeras que filmaban en nuestro país- se han reducido drásticamente. El derrumbe capitalista que está generando una huelga de inversiones a nivel mundial, así como una fuerte tendencia a las fusiones de grandes empresas, absorción de medianas y desaparición de pequeñas está creando las condiciones de una reorganización del mercado publicitario, que seguirá la misma lógica reduciendo y concentrando producciones.
Esta reducción y concentración acentúa la competencia entre las productoras publicitarias, que intentarán avanzar sobre las condiciones laborales de los trabajadores del cine con una mayor flexibilización del salario y las condiciones laborales. La deliberación al interior del SICA para defender el cumplimiento del convenio es la primera tarea del gremio, que tiene que resistir su liquidación.
Pero, naturalmente, existe otro problema: una importante cantidad de trabajadores no serán convocados a rodar. ¿Qué salida pueden encontrar ellos a la miseria de la desocupación? ¿La huelga? Nadie que no tiene trabajo puede hacer huelga. ¿La ocupación del lugar de trabajo? Las productoras son cáscaras vacías que alquilan equipos para producir, si nos empeñáramos en ocuparlas nada podríamos hacer allí. ¿Entonces?
El carácter mundial de la crisis pone en jaque también a la alternativa de la co-producción y la venta al exterior de films nacionales. En Francia y en España se asiste a una huelga de inversiones en la industria cinematográfica y se espera una reducción gigante de producciones para el próximo año.

Proyectando una salida para la creación independiente
¿Cómo resolvemos el problema de los miles de trabajadores y estudiantes de cine que quedarán a merced del derrumbe de la industria audiovisual y del público que verá cada vez más complicado su acceso a las salas? (ni que hablar de todo un sector de la sociedad que ya hace años tiene vedado el consumo de cine)
Los trabajadores de la industria, así como los más de quince mil estudiantes de cine que hay actualmente en el país, no se formaron ni se forman sólo con la perspectiva de entregar su trabajo y su alma a la producción publicitaria, sino, por el contrario, con el deseo de crear, de expresarse a través de esta forma artística. Es necesario reorganizar la producción audiovisual sacando a los capitalistas del medio.
La salida entonces que podemos impulsar, además de cambiar los criterios de distribución de los fondos que maneja el INCAA, es la nacionalización de la distribución y la exhibición cinematográfica en el país, bajo control de los trabajadores, los estudiantes y espectadores del cine.
Esta medida, mediante la apropiación del gran negocio que hoy manejan a su antojo las Majors norteamericanas y un puñado de grupos “nacionales”, generaría los fondos necesarios para liberar la multiplicación de la producción audiovisual nacional. Se podría ocupar en un trabajo creador a miles de trabajadores, que de otra forma serán desplazados por la crisis, para darle a esta producción independiente la difusión necesaria en los medios, para volver a abrir salas en los barrios a precios subsidiados para el espectador y de esta manera darle al cine nacional el lugar que le corresponde.
Llamamos entonces a los trabajadores del cine, al SICA, a los estudiantes, a los realizadores independientes, a los documentalistas independientes, a los actores, al público interesado a reunirnos y debatir colectivamente este planteo para rescatar a la industria audiovisual del derrumbe de los capitalistas.

Por la libertad de Elena Varela y todos los presos politicos en Chile

Elena Varela, miembro de la Productora de cine Ojo Film, está arrestada y retenida en el complejo penitenciario de Rancagua, Sexta Región, desde hace más de un mes. Su detención se produce mientras estaba filmando un documental – NEWEN MAPUCHE – sobre el conflicto entre las compañías forestales y comunidades Mapuche.

Los documentalistas argentinos asociados en Doca realizaron el pasado jueves 21 de agosto un importante acto por la liberación definitiva de la compañera chilena Elena Varela y exigieron frente a la Embajada de Chile el cese de la escalada represiva contra el pueblo mapuche y el conjunto de las luchas populares en ese país.

Elena Varela, miembro de la productora de cine Ojo Film, estuvo arrestada y retenida en el complejo penitenciario de Rancagua, Sexta Región, durante más de tres meses. Su detención se produjo mientras estaba filmando un documental – «Newen Mapuche»- sobre el conflicto entre las compañías forestales y comunidades mapuche.

Con esta detención y con la requisa de todo el material filmado, el Estado chileno, actuando por mandato de los explotadores forestales y minerales que están destruyendo el medio ambiente, intenta golpear nuevamente al movimiento mapuche – que ya tiene varios compañeros caídos y presos sin condena en su haber. En mayo de este año, la policía detuvo y luego extraditó a documentalistas italianos que filmaban una acción contra las empresas forestales. Algo similar había ocurrido con dos periodistas franceses en marzo.

En lo que va del año, la policía chilena ha detenido a miles de personas por participar en manifestaciones de protesta. La mayoría de ellos son estudiantes – sobre todo menores de edad- que denuncian golpizas y vejaciones en las comisarías a las que son remitidos. Se trata de todo un modus operandi que se basa en el Decreto Supremo 1086, del año 1984, que exige «que toda manifestación debe hacerse previa solicitud a la Intendencia Regional respectiva, donde se debe precisar los motivos de la misma, los responsables, los oradores y los contenidos de sus discursos».

Representantes del Comité de Etica Contra la Tortura (CECT) – prestigiado organismo de defensa de los derechos humanos- da cuenta de 55 casos de «prisión política» a la que han sido sometidos luchadores mapuches desde que Michelle Bachelet asumió la presidencia de este país (11 de marzo de 2006), y documenta el abuso de medidas cautelares como la «prisión preventiva» y la realización de violentos allanamientos similares a los vividos durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). El informe incluye dos casos de «violencia innecesaria con resultado de muerte», ocurridos este año en contra de los indígenas mapuches Johnny Cariqueo Yáñez y Matías Catrileo, ambos de 23 años.

Días antes del acto convocado por Doca, esta «justicia» chilena decidió otorgarle a Elena Varela la prisión domiciliaria. Este hecho, que fue internacionalmente difundido como la obtención de su «libertad», no es más que una maniobra para descomprimir la repercusión de este atropello. La causa judicial sigue en pie, el material fílmico secuestrado sigue en manos del Estado represor. La ratificación de la acción por su libertad obtiene mayor valor porque denuncia la trampa y da continuidad a la lucha por su liberación definitiva, por la devolución del material, por la libertad a los presos políticos del movimiento mapuche y por el cese de la represión al conjunto de los luchadores chilenos.

Con la presencia del «Cabra», de Las Manos de Filippi, que se unió al reclamo por la liberación de la compañera, y que destacó que los artistas que estábamos allí tampoco éramos libres sino que debíamos luchar incesantemente por nuestra libertad para crear de forma independiente, se completó una acción cultural que finalizó con una movilización sobre la Embajada donde se exigió la libertad para todos los presos por luchar.

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El Gobierno Nacional decidió reemplazar a Jorge Alvarez por Liliana Mazure al frente del Incaa producto de un desgaste del primero tras la denuncia de hechos de corrupción ocurridos durante su gestión. Hechos que tienen que ver con una práctica habitual es institucionalizada en el INCAA -así como en todo el gobierno K- de manejo discrecional de fondos. Práctica que se hizo pública esta vez tras un plan de lucha de una asociación de documentalistas (DOCA).

Aparentemente la nueva conducción, más “nacional y popular” que la anterior, estaría dispuesta a realizar cambios en la política del Instituto. Mas allá de la “transparencia” de publicar las erogaciones en la web del Instituto, veamos que hay más allá…

La crisis del cine nacional

Desde la puesta en marcha de la Ley de Cine, en 1994, hay un crecimiento sostenido de la cantidad de películas nacionales. Ese año se estrenaron 11, en 2000 fueron 45(1) y el promedio en los últimos 4 años se acerca a las 60 producciones (las estadísticas sólo registran las películas que pasan por el circuito del INCAA, dejando afuera una cantidad de producciones no estrenadas en salas oficiales). Para darse una idea de este número en perspectiva histórica digamos que en el período 1945-1955, considerado de auge de nuestro cine con una gran afluencia de público tanto a nivel nacional como latinoamericano, el promedio anual fue de 43 estrenos(2).

Sin embargo, desde la promulgación de la Ley, también creció el control de la industria de Estados Unidos sobre la exhibición y la distribución, es decir, el dominio de la cantidad de espectadores y de la recaudación. Esta situación naturalmente derivó en una contracción del público del cine nacional: en el año 1980 el porcentaje de espectadores de películas argentinas era de 16,2%(3), en el período 2004-2006 ese porcentaje bajó al 12,1%(4) y el año pasado estuvo en el 9,1%(5), por debajo de la irrisoria cuota de pantalla del 10%.

Esta proporción en el reparto de la exhibición y la distribución no permite la supervivencia -en términos de mercado- de una producción nacional. Así es que hoy una mínima cantidad de títulos alcanzan a recuperar sus costos con la venta de entradas, generalmente las películas ligadas a los grandes medios de comunicación que actúan a través de diferentes empresas (Patagonik, Primer Plano, Buena Vista, Polka, Sono Film, Telefe). El resto existe sólo gracias a los subsidios y créditos del INCAA, a los bajos costos laborales post devaluación de 2002, a la auto-explotación autogestiva, y al trabajo casi gratuito en las “cooperativas” de la producción “independiente”.

¿A quién Sirven?

Esta cruda realidad llevó a un sector del cine, representado con vehemencia por Pablo Sirvén del diario La Nación, a plantear una ridícula regla de tres simple: si tenemos una cantidad determinada de espectadores de cine argentino, disminuyendo la cantidad de películas subiría el promedio de espectadores para cada una de ellas y podríamos hablar de mayores éxitos comerciales. ¡De tocar la distribución del mercado ni hablar!

Pero lo peor es que este planteo, según el mismo Sirvén, aparentemente ha encontrado eco en la nueva conducción del instituto: “…cayó muy bien en el medio cinematográfico local que Liliana Mazure (…) esté resuelta a parar con la máquina de lanzar 70 estrenos nacionales, que casi nadie ve, en que se convirtió el Incaa en los últimos años. La idea es menos películas, que conecten más con el público, con mayor presupuesto y ayudar a construir productoras más fuertes”(6). Realmente, llamaría la atención una posición así de quien reivindica el grito de las entrañas peronistas de 1973, aunque el gobierno K hace tiempo que hizo propia la política del tero.

1973/1983 Un grito de corazón

Para poner el debate en su lugar recordemos que un funcionario del Instituto de Cine en aquel año, Octavio Getino, impulsaba un anteproyecto de Ley entre cuyas medidas proponía “una mayor intervención del Estado en materia de producción, distribución y exhibición mediante empresas y actividades propias; (…) incremento de la exhibición de películas argentinas; (…) estímulo a la construcción de circuitos de producción y utilización cinematográfica a nivel popular…”(7). También señalaba como éxitos de su gestión el “incremento de la producción nacional” y el “aumento de la concurrencia a las salas”.

Luego de la “primavera camporista”, con el gobierno de Isabel y el de las Juntas militares, se produce una concentración del público de cine en los sectores más pudientes producto tanto del aumento del precio de entradas como de la caída del poder adquisitivo de los trabajadores. “El resultado ha sido mejores ingresos con menores espectadores. Un factor contribuyente a este desenvolvimiento fue la virtual desaparición de películas argentinas como principal competidor a partir de 1975”(8)

En 1983 podía leerse lo siguiente en un documento firmado por quienes hoy están en la punta de la pirámide: “Debemos modificar la actual situación, pero ello requerirá de una firme voluntad política de quienes nos gobiernan, que no teman enfrentar a las estructuras monopólicas, y dirigida a romper los que hasta ahora han sido centros de poder. Obviamente, deberá realizarse una acción revolucionaria profunda y para ello deberá formarse la actividad teniendo en cuenta que el cine debe ser, y de hecho lo es, no sólo una industria, sino un elemento informativo, en tanto testimonio, y formativo, en tanto transmisor de ideas”(9).

La comedia de la tragedia

Hoy, a 25 años de este documento suscripto por la DAC (Directores Argentinos Cinematográficos), el panorama del cine es igual o peor que en ese entonces. Las empresas extranjeras determinan la programación de los cines argentinos gracias a su dominio sobre la distribución, la difusión y la exhibición y la consecuencia de esto es que más del 80% de la recaudación va para sus propias arcas. En 2007 las majors (Buena Vista –Disney-, Warner, Universal Paramount, Columbia Pictures, Tristar, Fox) controlaban el 75,57% del mercado(10) y las salas que pertenecen a empresas extranjeras (Hoyts, Village, Cinemark y Nacional Amusements) se llevaban el 64,93% de la venta de entradas(11). A estas empresas no les importa que la cantidad absoluta de espectadores disminuya -de un pico de 45 millones de espectadores anuales en 2004 cayó a 34 millones en 2007(12)- porque su recaudación sigue subiendo a pesar de ello -de 247 millones de pesos en 2005 a 322 en 2007(13)- gracias al constante aumento en el precio de las entradas.

Las vidas posibles

En un largo y contradictorio documento, proponiendo una nueva ley de fomento, la DAC de hoy expresa así su acuerdo con Pablo Sirvén: “El INCAA debe establecer una cantidad máxima de películas o proyectos audiovisuales a ser producidos anualmente (…)”(14).
Recortar la cantidad de producciones de películas nacionales en el marco de una currícula de estudiantes de cine que no deja de crecer en todo el país (en el 2006 había 14.000 estudiantes(15)) y una capacidad productiva que creció a la par, es intentar ir contra la historia y el desarrollo de la industria de la que tanto hablan.

Se estaría, de esta manera, dicho en palabras tan en boga en estos momentos, perdiendo una oportunidad histórica para el desarrollo de la industria cinematográfica argentina. Se continuaría entregando en bandeja a hoollywood tanto el control del negocio como la penetración ideológica imperialista en detrimento de la posibilidad de expresión y desarrollo de una identidad cinematográfica nacional.

Por otra parte, muchos trabajadores de la industria quedarán desocupados, y los que no, cobrarán salarios más bajos producto de la competencia de la fuerza de trabajo excedente. Factor que se acrecienta día a día con los estudiantes de cine que entran a estudiar con la esperanza de ser creadores y terminan en su mayoría como mano de obra flexibilizada de la industria publicitaria o de la televisión.

La nacionalización de la distribución y la exhibición en el país, bajo control de los trabajadores y espectadores del cine, es el único instrumento capaz de revertir este estado de cosas. Esta medida generaría los fondos necesarios para liberar la multiplicación de la producción nacional, para darle a la misma la difusión necesaria en los medios, para volver a abrir salas en los barrios a precios subsidiados para el espectador y de esta manera darle al cine nacional el lugar que le corresponde, no sólo del mercado, sino y principalmente como “elemento informativo, en tanto testimonio, y formativo, en tanto transmisor de ideas”, como se planteaba en el 83…

Los sectores del cine nacional que actualmente concentran la mayor producción y estrenos comerciales no están dispuestos a ir en contra de los intereses de las multinacionales. Ya ni hablar de una nacionalización, ni siquiera están dispuestos a dar pelea por la cuota de pantalla o para imponer impuestos extraordinarios a la industria hollywoodense. Ya tuvieron el tiempo necesario para demostrarlo y no lo han hecho. Se conforman con ser la patria contratista del Incaa.

Muy distinta es la perspectiva que plantean los documentalistas organizados en DOCA, consiguiendo el subsidio al documental digital y el reconocimiento de la figura de realizador integral que coloca la piedra basal para barrer con el dominio de las productoras, y liberar así la producción verdaderamente independiente con fines culturales y por fuera de las lógicas mercantiles.

Por todo esto, frente a esta eterna encrucijada del cine nacional, el Ojo Obrero impulsa la organización independiente de los estudiantes y trabajadores del cine para abrir un espacio de debate y lucha para imponer estas reivindicaciones.

Bs. As., 7 de julio de 2008

Grupo de cine y foto
www.ojoobrero.org

(1) Getino, Octavio, “Cine Argentino”, Ciccus, 2005, Buenos Aires.

(2) Op. Cit.

(3) Op. Cit.

(4) http://www.cultura.gov.ar/sinca/sic/estadisticas/recdatos/detalle.php?id=41

(5) La Nación del 29 de Junio de 2008, Pablo Sirvén

(6) Idem anterior.

(7) Getino, Octavio, “Cine Argentino”, Ciccus, 2005, Buenos Aires, pág. 67.

(8) Revista Variety, citada por Heraldo de Cine, en Buenos Aires 1979 (ver “Cine Argentino”, pág 170. Getino, Octavio)

(9) Documento “Medidas de emergencia imprescindibles para poner en marcha la recuperación de la cinematografía nacional”, firmado por DAC, AAPCI, SICA, AAA, Asociación de Realizadores de cortometraje, Federación de Cine Independiente, Laboratorios Cinematográficos Argentinos, en 1983.

(10) http://www.cultura.gov.ar/sinca/sic/estadisticas/recdatos/detalle.php?id=85

(11) http://www.cultura.gov.ar/sinca/sic/estadisticas/recdatos/detalle.php?id=139

(12) http://www.cultura.gov.ar/sinca/sic/estadisticas/recdatos/detalle.php?id=102

(13) Idem anterior

(14) InfoDac, Especial Julio 2008

(15) INCAA, Censo Nacional Audiovisual 2006

Un nuevo capítulo en la “crisis del cine nacional”

La renuncia de Jorge Álvarez a la presidencia del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) ha puesto al desnudo la guerra de camarillas que se viene desarrollando en torno a los fondos para el fomento del cine nacional, así como la impotencia del gobierno “nacional y popular” en el desarrollo de una política cultural nacional y mucho más aún, popular.

Caja Negra

Dice Álvarez que los “Tercero Jota (un artículo de la Ley de Cine que permite al titular del INCAA dar subsidios sin rendir cuentas) son una excelente herramienta que tiene la autoridad del INCAA para hacer orientación política de lo que pretende en su gestión ” (Clarín 10/3). Con esta “herramienta” el INCAA otorgó 20 millones de pesos entre 2005 y 2006. Días antes de su renuncia, las oficinas del INCAA fueron allanadas en busca de información sobre partidas otorgadas que en algunos casos nunca se tradujeron en films terminados.

Desde mediados del 2007, los documentalistas asociados en DOCA vienen realizando una campaña exigiendo la publicación de los listados de films financiados a través de esta herramienta. La denuncia fue “levantada” por otras asociaciones y medios de comunicación que salieron a pegarle a la gestión con otros fines políticos.

De la lista de “Terceros Jota” el reciente “renunciado” reivindica haberlo utilizado para un film sobre “la AMIA, familiares e infectados de HIV, que se exhibirán en las escuelas, o un par sobre la discriminación en villas de emergencia, de los gays, de los bolivianos» (ídem). Sin embargo, del listado de producciones que se llevaron los 20 palos se desprende que sus beneficiarios principales son la burocracia sindical, la Iglesia y los viejos amigos del organismo.

¿Cómo “blanquear la caja”?

Desde que se inició la campaña por la apertura de los libros, los principales medios de la burguesía salieron al cruce rabioso contra DOCA, acusándola de ser “los piqueteros del cine” y comenzaron a trazar una orientación política que responde al lobby de las grandes productoras. Desde La Nación, Ámbito Financiero y otros medios, apoyándose en declaraciones de afamados directores como Aristarain, la industria comenzó a desarrollar su lobby a favor de una mayor concentración de los fondos de fomento. Para poder competir en el mercado: “más fondos para menos películas de mayor calidad”, aclaman. Esta es la “salida” de la industria “nacional” para “competir” con los tanques de Hollywood.

El renunciamiento histórico

El “renunciado”, en cambio, se jacta de haber incrementado la producción generando así más puestos de trabajo (precario, claro); y de haber desarrollado acuerdos comerciales para colocar esas producciones en el exterior. Pero se lamenta de no haber logrado resolver el divorcio entre el cine nacional y su público.

A lo que Álvarez y sus antecesores han históricamente renunciado es a afectar las fabulosas ganancias de las distribuidoras de los tanques yankies “el cine norteamericano se quedó con el 82,1% de la taquilla argentina en 2007 (3 puntos más que en 2006)” (La Nación, 9/3), a evitar la concentración monopólica de las salas y el cierre de los cines en los barrios, a desarrollar la apertura de espacios de exhibición a precios populares. No hay tal divorcio, hay una separación forzada.

Una salida

Para los cientos de realizadores que actualmente producen cine en el país, para los miles de egresados de carreras de cine que año tras año se suman a un mercado de trabajo precario pero anhelan realizar su propia obra, la “salida” que está en curso significa censura, y la que intentaba Álvarez (exportar) es sumisión al predominio imperialista e impotencia para resolver el tan mentado “divorcio”.

El Ojo Obrero impulsa el debate y la lucha conjunta de los realizadores y trabajadores del cine por una salida propia. Una salida que fomente el enorme potencial de producción artística independiente, confiscando parte de las ganancias de los monopolios nacionales y extranjeros de la distribución y exhibición, así como de toda la industria cultural audiovisual (cine, televisión y publicidad). Industria que a partir de la devaluación está amasando fortunas sobre la base de trabajadores altamente calificados con sueldos de niveles asiáticos.

OJO OBRERO (Bs. As.)

El Ojo Obrero, por definición y por convicción, no pretende desenvolver su actividad por fuera de la realidad política y social que retratamos en nuestras películas. Nuestro objetivo es la transformación social y por lo tanto tampoco nos contentamos con ver y mostrar lo que sucede, discutimos colectivamente y tomamos posiciones concretas, de acción y de lucha.
A partir de diciembre de 2001, somos muchos más los videastas, documentalistas y artistas en general que vinculamos nuestro quehacer cotidiano a la necesidad de denunciar, actuar y luchar contra las indignantes condiciones de vida a las que nos someten diariamente los gobiernos – representantes –  de las patronales. Con este pronunciamiento queremos abrir un debate constructivo y necesario sobre el presente marco político y las perspectivas que se abren para la victoria de las luchas en curso.

¿En qué cuadro se desarrollan, simultáneamente, las tendencias a la rebelión popular y las elecciones de la ciudad de Buenos Aires?
Por un lado tenemos la barbarie capitalista de los salarios de Filmus / Kirchner, la represión PRO de Sobisch / Macri, así como la profunda corrupción que con Skanska hizo saltar también la pus de los Telerman / Carrio -que pretenden hacernos creer que necesitamos un “contrato moral”. Una barbarie y descomposición que encuentra su contrapunto en el conjunto de luchas obreras y rebeliones populares que recorren el país.
Luchas contra la contaminación como las de Gualeguaychú, Ceamse, Esquel o Famatina. Luchas contra el gatillo fácil, la aparición con vida de Julio López y el desmantelamiento del aparato represivo de la dictadura. Luchas de estudiantes por el presupuesto educativo y la democratización de las universidades y colegios. Luchas por aumentos de salarios como las de los docentes, subterráneos, obreros del neumático, gráficos, aeronáuticos, médicos, estatales.
Rebeliones populares como las de Neuquén y Santa Cruz, en este último caso provocando la caída del gobernador –en la provincia del presidente!- y perfilando una salida popular a través de la organización de los trabajadores en masivos cabildos abiertos e intersindicales. Rebeliones populares como la que recientemente protagonizaron los trabajadores –usuarios- del ferrocarril Roca en Plaza Constitución, descargando la bronca por los maltratos acumulados contra uno de los contratistas “estrella” del gobierno K, el famoso vaciador y responsable de la muerte de 14 mineros en Río Turbio, el empresario Tasseli.
Estamos ante un cuadro político y social muy explosivo y los opinólogos de la burguesía comienzan a alarmarse. La Iglesia , preocupada, se propone para “pacificar” las provincias y “pedir por los pobres”, mientras arma un recambio patronal y de derecha ante un posible desbarranque del kirchnerismo. Por otro lado, los trabajadores, cuando salen a romper el techo salarial del gobierno se encuentran con que deben enfrentar también a la burocracia sindical y a los ejecutivos provinciales. Estamos reviviendo la potencia del “que se vayan todos”, la consigna de la rebelión popular que pretendía sepultada el gobierno “nacional y popular”.

Una anécdota aleccionadora…
Desde que realizamos el documental “Así es el subte”, el relato de una de las mayores victorias de la clase obrera de este siglo, no encontramos una coyuntura tan propicia a su recepción como la actual. Esta película condensa tantos elementos presentes en la etapa que obliga a sacar conclusiones. Muestra cómo la lucha por el salario igual a la canasta familiar, el reclamo de reducción de la jornada y la pelea contra la flexibilización, por la incorporación al convenio de los trabajadores tercerizados así como la unidad con los trabajadores desocupados obliga a la clase obrera a desprenderse de la burocracia sindical con el método de las asambleas en los lugares de trabajo y el cuerpo de delegados. Pero no sólo eso; la clase obrera también está obligada, para conquistar sus reclamos, a enfrentar a los parlamentarios burgueses, a desarrollar una lucha política.
En el film se pueden presenciar en acción a muchos de los que hoy forman parte del tridente burgués para estas elecciones tratando de aplastar la lucha de los trabajadores, y en contraposición el importante rol que pueden jugar los representantes obreros al interior de la cueva de ladrones. La escena se presenta de esta manera: Ibarra (el de Cromagnon, claro, el que va con Filmus) veta la ley de las seis horas propuesta por Altamira (un representante obrero que es aclamado por una tribuna colmada de trabajadores del subte) mientras Crespo Campos (de la UCD, que va con Telerman) es expulsado del recinto al grito de ¡que se vayan todos!
Esta “anécdota” retratada en un film militante esclarece más que cien discursos sobre la importancia de obtener bancadas obreras que reivindiquen, refuercen y den un contenido político, socialista, a las luchas populares.

El infaltable epílogo, moraleja o conclusión…
Entonces, frente a este panorama de profundización de las rebeliones populares por un lado y el agotamiento de las formas tradicionales de dominación de la burguesía por el otro, reafirmamos la necesidad de la independencia política de la clase obrera y la lucha por el socialismo. La mayor parte de la izquierda argentina ha perdido esta perspectiva y se encolumna detrás de propuestas nacionalistas, se abstiene del proceso político o directamente se integra a las listas progres de la burguesía.
En función de todo lo dicho, la Agrupación Ojo Obrero de la ciudad de Buenos Aires, en el afán de reforzar en todos los terrenos la lucha reivindicativa y política de los trabajadores contra las patronales y sus gobiernos, llama a votar al PARTIDO OBRERO en las próximas elecciones del 3 de junio. Una lista obrera y socialista que, además de presentar una crítica específica y una plataforma para el campo cultural (ver en http://lucharte.com.ar/node/50), está integrada por probados y honestos luchadores de la clase obrera argentina.

Agrupación Ojo Obrero (Buenos Aires)
www.ojoobrero.org
Pronunciamiento debatido y aprobado en la asamblea del 21-05-07, Buenos Aires, Argentina

Se repitió el asombro de los trabajadores del Complejo Tita Merello, Km 2 del Espacio INCAA, ante la masiva concurrencia que colmó la sala central del cine. Las tres mil personas que presenciaron los films de la edición 2004 del Felco (Festival Latinoamericano de la Clase Obrera -cine y video-, organizado por el Ojo Obrero), y que participaron con interés de los debates posteriores a las exibiciones, ya habían sorprendido, en aquel entonces, tanto a la responsable de las muestras del Complejo como a acomodadores y boleteros. Es que las películas que se proyectan en ambas salas, cuentan habitualmente con una magra concurrencia. Contribuye a que esto sea así la insignificante cuota de pantalla que está destinada al cine nacional, y que el INCAA se encarga de descomprimirle a las grandes cadenas de cines como Hoyts o Village, abriendo estas salas, pero sin darle ninguna difusión a las producciones que allí se exhiben.

No ahorró elogios por el estreno el también asombrado Víctor Proncet, invitado de lujo, protagonista y co-guionista junto con el desaparecido Raymundo Gleyzer de Los Traidores, film hito en la filmografía del cine militante de los años ’70. Casualmente, su película describe la función de la burocracia sindical como agente de la patronal y del Estado burgués, en contra de los intereses de los trabajadores. Su personaje, «Barreda», perfectamente puede compararse con un «gordo» de la UTA.

Visto en perspectiva Así es el subte demuestra, treinta años después de Los Traidores,cómo siguen planteadas las mismas necesidades históricas para los trabajadores: organizarse independientemente de la burguesía y de sus agentes dentro de la clase obrera: las burocracias sindicales (como lo hicieron los trabajadores de Metrovías, a instancias de su Cuerpo de Delegados). El cine militante manifiesta ahora, como entonces, esta puja de los obreros por su emancipación.

Ahora bien: el cine militante de esta era, la etapa histórica del Argentinazo (hecho político que es contemporáneo, no casualmente, al surgimiento de estas expresiones actualizadas de cine militante), recibió tempranamente la denominación de cine piquetero. Pero, ¿cómo el cine piquetero relata la lucha de los obreros ocupados? El Ojo Obrero destacó oportunamente que el cine piquetero era una variante histórica del cine militante, y no una categoría distinta, y que, en definitiva, el cine militante destaca entre los trabajadores en lucha, a aquel sector que tiene características de vanguardia. Para todos aquellos escépticos, sectarios u oportunistas que no veían en el movimiento piquetero a la vanguardia de la clase obrera contra la burguesía, esta película demuestra cómo ha trascendido los límites de los trabajadores desocupados, para organizar también, con sus métodos (la asamblea, el piquete), a los obreros ocupados.
Pancho – Ojo Obrero

Como indigentes , a los que se lleva una vez por año a comer en un tenedor libre , miles de espectadores pasarán por el BAFICI , para ver en 10 días, algunos entre los centenares de films que, salvo excepciones, jamás se proyectarán en una sala comercial.

Quien tenga el tiempo y el dinero ($5 la entrada), a lo sumo podrá ver 10 a 20 proyecciones.
Corriendo de cola en cola, un público ávido por ver buen cine se atropellará nuevamente para saborear aunque sea un platillo de este inabarcable menú.

Impulsado por la secretaría de cultura de Ibarra y con aportes del Instituto de Cine (INCAA), el Bafici fue presentado como un festival “con independencia ante un cine hegemónico” y como un medio para defender al cine independiente frente a las cadenas norteamericanas de exhibición y distribución . Estas cadenas, que controlan la casi totalidad de las salas, imponen superproducciones bombardeando intensamente a traves de los medios con toda clase de merchandising , cajita feliz incluida. Son las llamadas “producción tanque”.

Se pretende que en 10 días de cine “independiente” se compensen 355 de cine “hegemónico” El Bafici no tiene siquiera la intención de defender el cine nacional ,el que tendrá la escuálida presencia de una industria local que hoy está mas cerca de su extinción que del tan propagandizado boom.

Precisamente en un reciente artículo de la revista Raices Jorge Coscia ,presidente del INCAA, nos aleccionaba sobre el tema y poniéndose del lado de los buenos se preguntaba “¿Debe el Estado regular el mercado en areas tan sensibles como el cine y la cultura?” …“es una lucha entre David y Goliath”.Jurando defender a David termina por confesar que bajo su gestión “se mantiene la hegemonía casi salvaje de la producción norteamercana” y que“En Argentina(donde)hemos estado históricamente entre un 10 y un 20 % … en 2004 …hemos descendido por debajo del 10% en nuestro propio mercado”.
Hollywood tiene hoy el 85% del mercado .Cinemark, Hoyts , Village, manejan un oligopolio que copa las pantallas con centenares de copias.

Además , en caso que una película argentina tenga éxito comercial, harán lobby para levantarla, como sucedió con Luna de Avellaneda : “Sobre la base de las necesidades de las salas y de los distribuidores extranjeros, la película igualmente bajó de cartel”(idem).

La solución según Coscia es la “cuota de pantalla”, medida por la cual las salas estarán obligadas a poner un porcentaje de películas argentinas en cartel, migajas que en el mejor de los casos se repartirán las productoras nacionales mas negreras como Patagonik, Telefé o Pol-Ka.

Por si alguien malinterpretó, Coscia aclara “…no queremos ni podemos expulsar a Hollywood” “No estamos planteando tener el 80% del mercado”, conformandose con “un 20%” y en última instancia con “que Hollywood no nos expulse a nosotros” ,el kirchnerismo pintado de cuerpo entero.
Esta depredación cultural no la sufre sólo el público , también miles de trabajadores de la industria .
A las prolongadísimas jornadas a que obligan a técnicos , editores y laboratoristas se suma el pago en negro o como monotributista, sin obra social ni aporte alguno.
No es casual el desembarco de productoras extranjeras atraidas por los salarios de Nepal sumado a la permisividad del estado en el uso de locaciones (espacio público) casi gratuitas. Sólo en eso consiste el proyecto Buenos Aires Set de Cine.

Con un mega evento de 10 días se blanquea la destrucción de centenares de salas y la concentración del negocio en 2 o 3 cadenas internacionales, una de las cuales, la yanqui-australiana Hoyts, dueña del 25% del mercado, primera lobbysta contra cualquier “cuota de pantalla” está hoy asociada al BAFICI a sala llena , en tanto las salas del INCAA (los “kilometros”) y los cinemóviles están ausentes de la programación.

De Quintín a Peña o fondos públicos para negocios privados

La crisis que desembocó en la eyección de Eduardo “Quintín” Antín , dueño de la revista “El amante”de la dirección del Bafici puso en evidencia que la utilización de medios y recursos públicos para el beneficio privado no es la excepción sino la regla. Acusado de valerse del festival para impulsar su propio evento marplatense fue reemplazado por el coleccionista Fernando Peña, dueño de la revista Film, competidora de El Amante.

Según La Nación el Bafici recibe casi 1 millón de pesos del gobierno porteño, más de 300 mil del INCAA y “generosas donaciones de embajadas, fundaciones y entidades extranjeras a las que se le agregan los abultados auspicios de 75 instituciones y empresas”. Con semejante caja es natural que las “camas” y zancadillas estén a la orden del día.

Para no dejar lugar a dudas de que los buenos negocios continuan, aunque en otras manos ,Peña, actual responsable de la progamación del MALBA, aclara en un reportaje de Clarín que ya no busca confrontar con lo hegemónico : ”Busco una apertura” ¿Hacia adonde ? pregunta Clarín “…que el Bafici se aparte de lo que fue El Amante y se acerque a lo que fue Film y agrega “soy un hombre del Malba, yo no me voy de acá, fue una condición”.No olvidemos que el museo del financista Costantini fue denunciado por los vecinos porque obtuvo una “excepción (habilitación) legislativa con el único objeto de buscar una valorización especulativa de las obras que allí se muestran”.

Asi las cosas el Bafici es concebido como un gran mercado en el que los realizadores pequeños ofrecerán a valores del tercer mundo sus películas a las llamadas productoras internacionales “independientes”, que luego recaudarán millones.

Como en toda la orientación cultural del progresismo kirchneroibarrista, no hay política cultural dirigida a la población , sólo hay postración frente al gran capital y negocios de todo tipo a expensas de los contribuyentes y de los trabajadores del arte y la cultura. Los realizadores no tienen el menor apoyo y los pocos que sobreviven adaptan sus obras a los “estandares” del mercado.

El 10 % de la taquilla que las cadenas aportan al INCAA no representa ni la mitad del valor de una producción menor del “primer mundo”.l Por supuesto, “no hay plata”. Ya sabemos quien se la lleva.
Pero Coscia insiste en que no podemos”destruir el mercado, negándole rentabilidad al negocio de la exhibición”.

Conclusión: El mercado capitalista no puede dar lugar a un cine independiente y nuestros “nacionales y populares” se declaran impotentes frente a sus leyes. Serán los trabajadores organizados los que derrotarán a estos Goliath en decadencia, reestructurando nuestro pais sobre nuevas bases. Sólo así será posible una expresión independiente , tanto en el cine como en el resto de las artes.

El Ojo Obrero, grupo de video que viene registrando las luchas de nuestro pueblo desde el 2000 convoca a los realizadores independientes, a los trabajadores de la industria, a los grupos de cine militante ,a los estudiantes de cine, a reclamar al Estado: Triplicación del presupuesto del INCAA en base a un impuesto especial sobre las ganancias de distribuidoras , grandes salas, productoras y laboratorios.

Control de estos recursos por parte de los trabajadores del cine.

Apertura a cargo del INCAA de una sala por barrio para proyectar todo el año , con entrada a 1 peso, los films que no ingresan al circuito comercial.

Fomento real a los realizadores independientes , en fílmico o en video y a los festivales independientes, con fondos controlados por los mismos.

Basta de contratos basura para los trabajadores de la industria, por el pago del bolo diario , en blanco y con todos los aportes. Aumento salarial . Ningún trabajador bajo la linea de pobreza.

Ojo Obrero. 14-4 2005