Un nuevo capítulo en la “crisis del cine nacional”

La renuncia de Jorge Álvarez a la presidencia del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) ha puesto al desnudo la guerra de camarillas que se viene desarrollando en torno a los fondos para el fomento del cine nacional, así como la impotencia del gobierno “nacional y popular” en el desarrollo de una política cultural nacional y mucho más aún, popular.

Caja Negra

Dice Álvarez que los “Tercero Jota (un artículo de la Ley de Cine que permite al titular del INCAA dar subsidios sin rendir cuentas) son una excelente herramienta que tiene la autoridad del INCAA para hacer orientación política de lo que pretende en su gestión ” (Clarín 10/3). Con esta “herramienta” el INCAA otorgó 20 millones de pesos entre 2005 y 2006. Días antes de su renuncia, las oficinas del INCAA fueron allanadas en busca de información sobre partidas otorgadas que en algunos casos nunca se tradujeron en films terminados.

Desde mediados del 2007, los documentalistas asociados en DOCA vienen realizando una campaña exigiendo la publicación de los listados de films financiados a través de esta herramienta. La denuncia fue “levantada” por otras asociaciones y medios de comunicación que salieron a pegarle a la gestión con otros fines políticos.

De la lista de “Terceros Jota” el reciente “renunciado” reivindica haberlo utilizado para un film sobre “la AMIA, familiares e infectados de HIV, que se exhibirán en las escuelas, o un par sobre la discriminación en villas de emergencia, de los gays, de los bolivianos” (ídem). Sin embargo, del listado de producciones que se llevaron los 20 palos se desprende que sus beneficiarios principales son la burocracia sindical, la Iglesia y los viejos amigos del organismo.

¿Cómo “blanquear la caja”?

Desde que se inició la campaña por la apertura de los libros, los principales medios de la burguesía salieron al cruce rabioso contra DOCA, acusándola de ser “los piqueteros del cine” y comenzaron a trazar una orientación política que responde al lobby de las grandes productoras. Desde La Nación, Ámbito Financiero y otros medios, apoyándose en declaraciones de afamados directores como Aristarain, la industria comenzó a desarrollar su lobby a favor de una mayor concentración de los fondos de fomento. Para poder competir en el mercado: “más fondos para menos películas de mayor calidad”, aclaman. Esta es la “salida” de la industria “nacional” para “competir” con los tanques de Hollywood.

El renunciamiento histórico

El “renunciado”, en cambio, se jacta de haber incrementado la producción generando así más puestos de trabajo (precario, claro); y de haber desarrollado acuerdos comerciales para colocar esas producciones en el exterior. Pero se lamenta de no haber logrado resolver el divorcio entre el cine nacional y su público.

A lo que Álvarez y sus antecesores han históricamente renunciado es a afectar las fabulosas ganancias de las distribuidoras de los tanques yankies “el cine norteamericano se quedó con el 82,1% de la taquilla argentina en 2007 (3 puntos más que en 2006)” (La Nación, 9/3), a evitar la concentración monopólica de las salas y el cierre de los cines en los barrios, a desarrollar la apertura de espacios de exhibición a precios populares. No hay tal divorcio, hay una separación forzada.

Una salida

Para los cientos de realizadores que actualmente producen cine en el país, para los miles de egresados de carreras de cine que año tras año se suman a un mercado de trabajo precario pero anhelan realizar su propia obra, la “salida” que está en curso significa censura, y la que intentaba Álvarez (exportar) es sumisión al predominio imperialista e impotencia para resolver el tan mentado “divorcio”.

El Ojo Obrero impulsa el debate y la lucha conjunta de los realizadores y trabajadores del cine por una salida propia. Una salida que fomente el enorme potencial de producción artística independiente, confiscando parte de las ganancias de los monopolios nacionales y extranjeros de la distribución y exhibición, así como de toda la industria cultural audiovisual (cine, televisión y publicidad). Industria que a partir de la devaluación está amasando fortunas sobre la base de trabajadores altamente calificados con sueldos de niveles asiáticos.

OJO OBRERO (Bs. As.)